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SORBOS
Voltee la página tras leer el poema.
No es un poema sino un río
pensé y salí a caminar por la casa.
Como es una casa pequeña
siempre llegaba hasta la misma ventana.
Desde allí veía las montañas alejándose de la ciudad
de los trucos y los edificios malpintados.
Seguía el curso de una huella
aun ilegible y decidí irme a correr
esos mundos corroídos que me donó
el destino. Cuando regresé
comí naranjas como las que una vez rodaron
por las manos de mi abuela.
Son las mejores del mercado
decía. Jugosas y sinceras.
Su sabor era como un destino más.
Las compré por ti. Las compré
para llegar a otro sitio mi amor
para buscar un hueco donde puedas
ser y no pierdas la voz en el tumulto.
¿No ves que son naranjas soñadas?
¿No ves cómo salen de tu boca sus ríos?
Llegaré a la noche blanca
y estarás junto a la hija que me cuidas
en otra ciudad con otras palabras.
La ventana aun abierta como un clamor
estará tendida en el sueño espeso.
Vivos y desnudos ante los caminos
nos verá el tiempo del constante volver.
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